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Rafa Mendoza, artista huelmense de 22 años con una sólida trayectoria y un prometedor futuro

Con solo 22 años, una intensa trayectoria y un potencial sin límites, Rafa Mendoza ha demostrado que el talento y el arraigo no entienden de esperas. Lo que comenzó como una inquietud juvenil en el taller de la Asociación Huelma Pinta se ha transformado en un proyecto artístico de enorme proyección, sumando ya más de una docena de exposiciones, obra pública emblemática, imaginería y su reciente salto al diseño textil.

El sello de Rafa Mendoza ya forma parte del paisaje cotidiano de la provincia. En Jamilena, con tan solo 19 años, inmortalizó al músico internacional Miguel Ángel Colmenero. En su Huelma natal, ha firmado la icónica rotonda de entrada —una gran carta de presentación que integra el Pajarillo, el Castillo, la Iglesia y la tradición agrícola— y el mural participativo «Bésame como si fuera la primera vez», una reinterpretación urbana de Klimt elaborada junto a cientos de vecinos.

Esta vinculación con la iconografía local también centró su Trabajo de Fin de Grado, donde catalogó e intervino el patrimonio artístico contemporáneo de su municipio. “En mis creaciones se reflejan las vivencias de lo cotidiano y lo que me rodea. Sentir el respaldo de mi pueblo y ver cómo la gente abraza la identidad local es el mayor impulso para seguir creando”, asegura Mendoza.

Lejos de encasillarse en una sola disciplina, Rafa abarca escultura, pintura, comisariado de exposiciones y, ahora, el diseño textil. Con un marcado carácter emprendedor, el artista ha presentado recientemente una exclusiva colección de prendas de vestir concebida a partir de detalles de sus propias obras, símbolos y fragmentos artísticos inspirados en Huelma.

El lanzamiento oficial tuvo lugar dentro del marco de Expohuelma, cita en la que también dio a conocer una de sus imágenes más recientes: la impactante escultura de María Santísima de las Tristezas.

Con una mirada que combina la experimentación, el respeto por la imaginería tradicional y el diálogo con la gente de su entorno, Rafa Mendoza continúa añadiendo capítulos a una carrera que acaba de empezar, pero que ya deja una huella indeleble en la historia cultural de Jaén.

-¿Quién es Rafa Mendoza y qué parte de ti hay en cada una de tus creaciones?

Rafa Mendoza es un joven natural de Huelma, nacido en 2004. En mis creaciones se reflejan las vivencias de lo cotidiano, mi día a día y todo aquello que me rodea.

-¿Cuándo te diste cuenta de que lo tuyo no era solo afición, sino una vocación artística clara?

Desde siempre, como todos los niños, jugaba con plastilina y pintaba con colores, aunque quizás le dedicaba más tiempo de lo normal. Pero fue entre 2019 y la época del COVID cuando me di cuenta de que realmente me apasionaba. Ahí decidí volcarme en la asociación Huelma Pinta, que fue la gran oportunidad que encontré en mi pueblo para adentrarme de lleno en el mundo de la pintura, el pincel y las formaciones que vinieron después.

-Acabas de graduarte en Bellas Artes. Echando la vista atrás, ¿qué balance haces de estos años de formación y cómo ha cambiado tu forma de entender el arte?

Han sido seis años de formación intensa, contando el Bachillerato de Artes en Jaén y la carrera en Sevilla, que prácticamente se me han pasado volando. Al mirar atrás, desde que empecé en 2019 hasta hoy, veo una evolución tremenda en el nivel técnico y en la soltura tanto con los pinceles como con la escultura. Sé que me queda muchísimo por aprender, pero el balance es sumamente positivo.

-Con solo 22 años ya cuentas con obras públicas de calado y un ritmo constante de encargos. ¿Sientes que tu carrera ha arrancado más rápido de lo esperado?

La verdad es que sí. Siempre te llega el típico comentario de “en Bellas Artes no hay salida, ¿vas a ser profesor de plástica?”. A mí me encanta la enseñanza y, si tengo que ser profesor, lo seré encantado, porque enseñar arte es precioso. Pero no me esperaba estar trabajando tan pronto: fue entre segundo y tercero de carrera cuando comenzaron a llegarme los primeros encargos públicos.

-Abarcas escultura, pintura y diseño. ¿En cuál de estas disciplinas te sientes más libre o identificas más tu sello personal?

Donde más a gusto me siento y donde identifico más mi sello es en la escultura. Es curioso, porque en pintura suelo trabajar con mucha frecuencia, pero mi verdadera pasión y donde me siento más cómodo es esculpiendo.

-Una de tus primeras grandes intervenciones fue el monumento al músico Miguel Ángel Colmenero en Jamilena. ¿Cómo afrontaste el reto de inmortalizar a una figura de proyección internacional?

La oportunidad me llegó en la Feria de los Pueblos, en Jaén. Se me acercó Tomás Liébana, el alcalde de Jamilena, y me hizo la propuesta. Acepté al instante, pero cuando salí de allí camino de casa me asusté un poco: tenía 19 años y estaba en segundo de carrera. Me preguntaba en qué me había metido, porque era un reto enorme representar a un músico de esa envergadura sin apenas referencias ni infografías previas.

-¿Qué sentiste en el momento de destapar esa primera obra ante el público?

Estaba muy nervioso. Había muchísima gente, autoridades de la Junta de Andalucía, familiares y músicos que habían tocado con él o le habían enseñado. Nadie había visto la escultura antes y no sabía cómo iban a reaccionar. Pero para mí el arte es sentimiento, y cuando vi a su hermana Concepción emocionarse con lágrimas en los ojos y decir que iría todos los días a hablar un rato con él, supe que el trabajo estaba bien hecho. Fue muy emocionante.

-En Huelma te encargaste del monumento de la rotonda de entrada desde Jaén. ¿Qué concepto e identidad buscaste plasmar en la carta de presentación de tu pueblo?

Busqué precisamente eso: crear una gran carta de presentación. Quería que cualquiera que entrara a Huelma viera de un vistazo nuestro patrimonio artístico, cultural y laboral. Ahí están representadas las primeras manifestaciones artísticas de El Pajarillo (siglo IV a.C.), el Castillo, la Iglesia y la cultura agrícola del olivar, que es el motor de toda la provincia de Jaén.

-Inaugurar una obra de esa envergadura en tu propia localidad debe de imponer. ¿Cómo viviste ese día con tus vecinos y tu familia?

Fue un día muy feliz y emocionante. Inaugurar en diciembre, en plena campaña de la aceituna, hacía difícil que la familia pudiera estar al completo por el trabajo, pero ese día nevó y fue posible que me acompañaran mis padres, abuelos, hermana, primos y muchísimos vecinos. Fue un momento inolvidable.

-Dicen que nadie es profeta en su tierra, pero en tu caso parece lo contrario. ¿Te sientes respaldado por Huelma?

Muchísimo. Se me están brindando muchas oportunidades y estoy encantado. Noto un movimiento muy bonito, no solo en Huelma sino en general, de abrazar la identidad local, defender lo del pueblo y hacer que el talento y las cosas del pueblo se queden aquí.

-Tu mural «Bésame como si fuera la primera vez» reinterpreta El Beso de Klimt. ¿Cómo surgió la idea y cómo fue el proceso de adaptar un icono universal al entorno urbano de Huelma?

Me propusieron elaborar un «rincón del beso» y presenté la idea de adaptar el lienzo de Klimt al formato de la pared. Como la parte inferior izquierda lindaba con el jardín, decidí abrir el proceso y hacerlo colaborativo. Participaron cientos de vecinos, desde bebés de ocho meses hasta personas de más de noventa años. Se ha convertido en un atractivo turístico muy fuerte, la gente se sigue haciendo fotos allí constantemente y me las manda.

-También colaboraste con la asociación Huelma Pinta. ¿Qué valor tiene para ti el trabajo colectivo y qué proyectos destacarías de esta etapa?

Huelma Pinta representa mis inicios, el lugar donde cogí un pincel sin miedo y donde hice grandes amigos. Aunque ahora por estar fuera no puedo dedicarle el tiempo que me gustaría, me llevo el aprendizaje de haber compartido exposiciones, proyectos y la ayuda mutua entre compañeros.

-En 2023 sumaste a tu trayectoria la obra pictórica para el Ayuntamiento de Bélmez de la Moraleda. ¿Qué simboliza esta pieza dentro de tu producción y cómo fue la acogida por parte del municipio?

Es una obra que representa la fiesta de Moros y Cristianos. Yo tengo raíces en Bélmez y quería plasmar esa tradición. En un principio la obra iba destinada a mis abuelos, pero por cosas de la vida terminó en el Ayuntamiento. Tuvo una acogida fantástica y la han colocado en un lugar muy privilegiado del edificio consistorial.

-Durante 2024 tuviste un periodo de trabajo intenso con el maestro Rafael Rubio Santoyo. ¿Qué supuso para un artista joven como tú compartir procesos creativos con un referente como él?

Fue una experiencia de un valor enorme. En la universidad o en la escuela de arte aprendes la base, pero es imposible asimilar todos los procesos reales en pocos años. Trabajar con él durante el verano me permitió aprender multitud de procedimientos escultóricos y adquirir una soltura y unos conocimientos que solo da la experiencia de un maestro.

-En 2025 diste un paso doblemente importante: tu exposición individual «Pinceladas de Pasión» y el comisariado de la muestra «Ecos del pasado: Huelma en Pintura». ¿Qué supuso para ti asumir el rol de comisario y armar el relato expositivo para otros compañeros?

La exposición individual «Pinceladas de Pasión» nació en el espacio gastronómico Travesía a raíz de unas obras cofrades que publiqué en redes y que le gustaron a su propietario. Respecto a «Ecos del pasado», comisariarla fue fascinante porque supuso reinterpretar a color fotografías antiguas en blanco y negro de Huelma junto a los componentes de Huelma Pinta. Muchos eran mayores y pintaban las calles donde habían jugado de niños. Fue una muestra preciosa que emocionó mucho al pueblo.

-Te hemos visto crear en directo en la Feria de los Pueblos, experimentar con el reciclaje en «Medusas recicladas» junto a Carmen Montoro e incluso reinterpretar temas clásicos en «Yo, ¿Menina?». ¿Cuánto hay en tu obra de experimentación constante y diálogo con otros artistas?

La Feria de los Pueblos me ha dado durante cuatro años una proyección enorme. La instalación de las medusas recicladas con la artista y profesora Carmen Montoro fue una experiencia de aprendizaje genial. Y con «Yo, ¿Menina?» quise buscar la interacción directa del público: la cara de la menina era un espejo para que la gente se viera reflejada y vestida como el personaje. Me apasiona que el espectador interactúe y participe activamente de la obra.

-Como decíamos, tus obras han viajado por más de 20 municipios, salas universitarias y espacios gastronómicos. De todo este recorrido expositivo, ¿hay alguna muestra o pieza en concreto que sientas que supuso un antes y un después en tu reconocimiento como artista?

Creo que fue mi obra de La Amargura, expuesta en Travesía en la Cuaresma de 2025. Se salía de la representación sacra tradicional por sus tonos amarillos y morados. Llamó muchísimo la atención en redes sociales y la gente la rebautizó cariñosamente como la «Virgen Moderna». Esa pieza generó un impacto muy positivo en mi trayectoria.

-Has realizado tu Trabajo de Fin de Grado sobre el arte público en Huelma, abordando el análisis, catalogación e intervención en espacios urbanos. ¿Qué patrimonio o aspecto de la identidad de Huelma has querido poner en valor a través de la investigación académica?

He querido poner en valor el arte contemporáneo de los siglos XX y XXI. A veces nos centramos solo en el patrimonio antiguo, pero en un pueblo como Huelma encontramos 14 murales urbanos y 3 conjuntos escultóricos. Es una riqueza enorme para un municipio de su tamaño y merecía ser catalogada y estudiada científicamente.

-¿Qué referentes han marcado tu trayectoria y en qué espejos te miras cuando buscas inspiración?

Me miro en clásicos como Murillo, pero también en la libertad del movimiento expresionista. Un referente muy cercano es el pintor y grabador huelmense Andrés Barajas, que trabajó el expresionismo desde aquí y que merece ser mucho más reivindicado y conocido por las nuevas generaciones.

-Si pudieras elegir cualquier espacio o formato sin límites de presupuesto, ¿cuál es esa obra soñada que te gustaría ejecutar en el futuro?

Mi sueño más inmediato era precisamente la rotonda de Huelma. Cuando proyectábamos las medidas, me la imaginaba gigante. Me hubiese encantado llevarla a una escala monumental de 8 o 10 metros de altura, con arcos y columnas enormes. Hubiera sido una locura, pero también una intervención increíble, pero estoy muy satisfecho con la obra tal y como es.

-A largo plazo, ¿cuál es tu mayor aspiración dentro del panorama artístico?

Mi aspiración es crear algo que cale en la gente, que aporte un granito de arena a la evolución del arte y que el día de mañana pueda estudiarse en los libros. Puede sonar muy ambicioso o de «flipado», pero creo que ese es el fin último de cualquier artista: añadir su propia línea a la historia del arte.

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“Orgullosos de Jaén” es una iniciativa puesta en marcha por Hermes Comunicación, una consultora de comunicación puesta en marcha e integrada por profesionales de la Comunicación jiennenses que pretende fomentar la autoestima de los habitantes de la provincia.

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