Un jiennense ha ofrecido a la NASA una solución que permitirá realizar misiones en el espacio profundo, más allá de Marte, sin depender de las comunicaciones con la tierra.
El mengibareño Miguel Ángel López ha desarrollado un software que solucionará el problema de la latencia de entre 40 y 48 minutos en las conversaciones entre el espacio profundo y la tierra. Su método, basado en inteligencia artificial, permitirá adelantar la respuesta que daría una persona desde la tierra por lo que se podrá llegar más lejos en el espacio.
López, que ha promovido este sistema desde su empresa America Data Science New York LLC, explica que esta innovación anticipará qué decisión y qué acción tomaría un equipo humano en la Tierra ante determinadas situaciones como fallos desconocidos, anomalías o eventos inesperados, y así actuar en el momento adecuado para mitigarlos y seguir adelante. “Permitirá a las misiones y sistemas espaciales tomar decisiones de forma autónoma, sin depender continuamente de instrucciones enviadas desde la ground station” asegura.
Este avance, según apunta López, supone un cambio de paradigma, ya que hasta ahora, la exploración espacial ha estado muy limitada por la dependencia de la Tierra. El ingeniero de Mengíbar aclara que los sistemas espaciales envían datos brutos de telemetría y esperan decisiones. “Con sistemas inteligentes autónomos, como el nuestro, las naves pueden reaccionar por sí mismas, optimizar recursos, protegerse ante fallos y continuar operando incluso cuando no hay comunicación con la ground station” , subraya. Esto abre, por tanto, la puerta a misiones más lejanas, más largas y más complejas, como la exploración profunda del sistema solar o futuras misiones tripuladas o no tripuladas a Marte y más allá, alineadas con las misiones Artemis de la NASA.
Miguel Ángel indica que están teniendo una gran acogida por parte de la industria aeroespacial, con un interés potencial de cara a la futura estación espacial que prevé reemplazar a la actual Estación Espacial Internacional (ISS) en torno a 2030 y que, según los planes previstos, incluirá capacidades de computación y procesamiento de datos en órbita, como un centro de datos orbital. Precisamente será en la ISS donde se probará el sistema que ha ideado tras su validación con digital twins de la NASA. Las primeras fases comenzarán próximamente y se desarrollarán de forma incremental. “Las unidades de test están planteadas como demostraciones progresivas: primero validando el software en condiciones controladas, observando cómo la IA analiza datos de telemetría reales provenientes de múltiples sensores de diversas modalidades, los fusiona, detecta anomalías, el escalado de las mismas en ventanas temporales y propone o ejecuta decisiones” pone de relieve, añadiendo que el objetivo inicial no es sustituir a los astronautas o ingenieros, sino demostrar que la autonomía es fiable, segura y útil a las operaciones espaciales.
La Inteligencia Artificial en la exploración espacial
Preguntado hasta dónde llegará la inteligencia artificial en la exploración espacial, contesta que cree que los sistemas inteligentes con razonamiento autónomo serán tan esenciales como hoy lo son los sistemas de navegación o los ordenadores de a bordo. “Pienso en naves y en nuevas estaciones espaciales capaces de autogestionarse, aprender de su entorno y adaptarse a situaciones no previstas, identificando patrones multimodales que un ser humano no sería capaz de reconocer y, mucho menos, de reaccionar a tiempo. A largo plazo, la IA permitirá explorar lugares donde el ser humano no puede llegar directamente, manteniendo sistemas operativos durante años sin intervención directa desde la Tierra” destaca.
Por su conocimiento de la exploración espacial explica que existen otros inconvenientes para avanzar en la misma como las limitaciones energéticas, especialmente lejos del Sol; la exposición a la radiación espacial; la fiabilidad del hardware, que debe funcionar durante años en condiciones extremas; los costes elevados y tiempos de desarrollo; o la gestión del riesgo, ya que un fallo puede suponer la pérdida total de una misión. En este sentido, asegura que la inteligencia artificial ayudará a mitigar muchos de estos problemas, optimizando recursos y detectando fallos antes de que sean críticos.
Formación y trayectoria
Miguel Ángel López estudió Ingeniería Informática en la Universidad de Jaén y se especializó en Sistemas Inteligentes en Córdoba, volviendo posteriormente a Jaén a realizar su doctorado. Su tesis «Nuevas metodologías para entornos inteligentes con técnicas difusas», que recibió la calificación de sobresaliente Cum Laude con Mención Internacional, se centró en mejorar la forma en que los entornos inteligentes (como las Smart Homes) procesan la información de los sensores para reconocer actividades humanas, utilizando la lógica difusa para gestionar la incertidumbre y la imprecisión de estos datos. Posteriormente se trasladó hasta Estados Unidos donde amplió su formación en computación cuántica en la Rice University de Houston, donde posteriormente ha trabajado como profesor y como investigador. A la vez se ofreció para trabajar como voluntario en la NASA. De esta experiencia, que califica como muy intensa e inspiradora, asegura que lo que más le llamó la atención fue el nivel humano de quienes trabajan allí, personas extremadamente brillantes, pero muy humildes y colaborativas. “La NASA no es sólo tecnología; es una cultura donde el rigor, la responsabilidad y el trabajo en equipo son fundamentales, porque cualquier decisión puede tener consecuencias enormes” pone de relieve.
Su trayectoria profesional ha alcanzado e incluso superado sus sueños cuando estaba en la Universidad, ya que durante muchos años pensó que trabajar en sistemas espaciales avanzados era algo casi inalcanzable. ”No me imaginaba llegar donde me encuentro hoy, pero sí tenía muy claro que seguir la intersección entre lo que me apasionaba y mis capacidades me estaba llevando hacia el lugar donde realmente me sentía feliz” confiesa.
El punto de inflexión en su trayectoria apunta que ha sido el trabajo práctico en entornos reales y bajo presión, aunque su formación haya sido también fundamental. “Ahí aprendí que el factor humano, la responsabilidad, la pasión y la capacidad de trabajar bajo presión o ante restricciones imprevistas, es tan o incluso más importante que el conocimiento teórico o a nivel académico” añade.
Inquietudes
Sobre sus inquietudes de futuro, destaca que le interesa seguir explorando líneas como la computación y las comunicaciones cuánticas, áreas que pueden transformar la forma en que procesamos y transmitimos información en el futuro, que aunque aún estén en fases tempranas, considera que tienen un enorme potencial para aplicaciones científicas y tecnológicas, también en el ámbito espacial.
Por último, preguntado si regresaría a España, responde que no es algo que entre en sus planes, aunque sí le gustaría visitar su país natal con mayor frecuencia. De su Mengíbar natal echa de menos su sencillez, la cercanía de la gente, la familia y los amigos.
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